extractado por maty
De la inexistencia de España Capítulo I. Una encrucijada histórica.
¿Existe todavía España?...
¿Cuándo comenzó a desaparecer España, si es que alguna vez llegó a ser Ella misma?
Juan Pedro Quiñonero, en este capítulo de presentación de "De la inexistencia de España", nos anticipa, veladamente, la tesis sobre la que estructura su obra (a tener presente la fecha de publicación: 1998): la desvertebración de lo que conocemos como España, pasada, presente y futura. Pasada, por nuestra turbulenta y convulsa historia, rica en enfrentamientos civiles. Presente, por la incompleta transición hacia el modelo de estado autonómico. Futura, por la omnipresente, ya, globalización.
"La única realidad en verdad perdurable de España es la realidad milenaria de su cultura y sus lenguas"
Ante la constatación del reiterado fracaso histórico en la estructuración de una conciencia nacional, el autor recupera la propuesta juanramoniana de "arquitectura espiritual", enriqueciéndola, sin decirlo, con la de Joan Fuster ("nuestra lengua es nuestra patria", Qüestió de noms) y su apuesta por las lenguas y culturas hispánicas para vertebrar la identidad española, hispana. Las siguentes palabras plasman tal visión (fijémonos detenidamente en el texto siguiente, en la rica y cuidada prosa quiñoneril):
"Sólo la realidad de sus artes y sus lenguas ofrece a España una identidad sólida, bien enraizada en su historia material en la historia de su conciencia. Realidad problemática y conflictual, también, hoy como ayer, porque España continúa buscando, desde hace siglos, la columna vertebral de esa arquitectura espiritual, que comenzó a germinar y echar raíces a través de las jarchas, en forma de poemas escritos y cantados en romance, árabe y hebreo, hacia los siblos X y XI, anunciando una nueva primavera espiritual, lírica, díría Dámaso Alonso, de todos los pueblos europeos.
Esa primera realidad de la conciencia de lo que ya era España y ya eran los españoles, de muy distinta lengua, romance, mozárabe, árabe y hebreo, vivió y existió en la tumba del olvido y la ignorancia durante cerca de quinientos años. Medio siglo corto después del descubrimiento y revelación de las jarchas, ni España ni los españoles han sabido explicar ni comprender, completa y definitivamente, los frutos políticos e históricos de esa simienta donde florecieron las primeras formas de ser genuinamente españolas."